Luminosa (que no iluminada)

Siempre me han llamado la atención las salas de espera… Son espacios que invitan a la reflexión. Tiempos “muertos” que te dan que pensar y sobretodo te ofrecen mucho que observar… “¿Qué tendrá esa mujer que está tan pálida…” “¿Y aquel señor por qué me mira de reojo?” “¿Hasta cuándo he puesto el tiket de la ORA?” “Necesito un bolso como el que lleva esa chica”, “Ese cuadro me quedaría bien en mi salón”…

A veces, incluso, ese ratito te ofrece la última oportunidad para salir corriendo… como casi me ha llegado a pasar en un dentista. Pero no es mi caso hoy. Estoy en una de mis salas de espera preferidas y podría pasarme un buen rato aquí… Tengo café, ipads en vez de revistas… y pacientes a los que observar. Aunque hoy soy yo la que me siento observada. Me siento luminosa y radiante y tengo la sensación de que todos lo notan… Y no, no estoy en la sala de un psiquiatra ni sufro paranoias, sino que espero mi cita en la consulta del Doctor Morano una semana después de recibir una sesión de luz pulsada, lo que explica mi sensación de “luminosidad”: mi piel está mucho más sana ¡y mis manchitas se han borrado como por arte de magia!

La sesión fue hace una semana. Y me animé a ella harta de ver esas manchitas en mi piel. Huellas dejadas por intensos días de playa y sol acumulados para siempre y que, antes o después, se manifiestan en forma de manchas, arruguitas y demás. La memoria de la piel es infalible y no perdona una. Por ello decidí hacerme la sesión de luz pulsada, pues como me explicó el doctor, ayuda a la piel a formar colágeno, mejorar la textura y reparar pequeñas lesiones y manchas.

La sesión fue bastante rápida. Tras limpiarme la cara y regular la intensidad de la luz pulsada a mi piel, me fueron aplicando el láser en las diferentes zonas. La sensación de cada “disparo” era de intenso calor… pero como el mismo aparato enfría la zona antes de cada aplicación, se aguanta muy bien. Y me consta que en algunos casos, si es necesario, te aplican una crema anestésica.

El enrojecimiento posterior es lógico y evidente: las manchas, lejos de desaparecer en un primer instante, se intensifican y se oscurecen. Pero es sólo algo transitorio que dura unos días y que incluso puede disimularse con una crema con color, siempre con protección solar máxima. Un efecto secundario mínimo y transitorio que sin duda se compensa con los resultados: unos días después, tras el oscurecimiento inicial, las manchas empiezan a desaparecer progresivamente y la piel se transforma. Al menos en mi caso, ha mejorado el aspecto, la luminosidad y las manchas. Y lo mejor es que aún seguirá mejorando, pues su efecto es progresivo.

Eso explica que me sienta luminosa y que recuerde una anécdota de cuando viajé a Marruecos. Decían que mi nombre sonaba casi igual que una palabra árabe que significa “luminosa” (que no “iluminada”, bromeaban). Ese pensamiento me traslada a Essaouira y hace que, por un momento, me ría sola. Casi a carcajadas.

Y ahora sí. Los demás me miran… como si estuviera loca.

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