Categoría ‘diario de Núria’

Correctores

lunes, junio 3rd, 2013

Conversación Whatsapp real que acabo de mantener:

Nuria (yo): Hola, te he llamado antes para comentar varias cosas de la propuesta

Cliente: Sí, he visto tu llamada, perdona. Luego te llamo, ahora estoy reunido

Nuria: ok, abúsame cuando puedas

Nuria: perdón,…¡¡avísame!! (este corrector…)

Cliente: te abusaré enterita 😉

Cliente: te avisaré enseguida (este corrector…)

Menos mal que contamos con el humor (y con el rubor) para reaccionar ante las meteduras de pata del mal-llamado “corrector ortográfico”, que cambia palabras en nuestro nombre y se queda tan ancho al enviar “abusos” en vez de “avisos” o “besugos” en vez de “besos” (algo muy común también). Así que lo mejor es hacer como yo: desactivarlo.

Y es que si nos paramos a pensar, son tantos los “correctores” de todo tipo que utilizamos por hábito a menudo aunque no nos convenza su resultado… tipex que no cubre, antiojeras que empastan, blanqueadores dentales que no blanquean, fajas que marcan cartucheras, correctores ortográficos que inventan… Esto demuestra una cosa: que todos somosimperfectos.

Sin embargo, hoy estoy feliz de haber dado con un “corrector” que funciona. Sí. Se trata de un tratamiento láser que me hice en la cara hace varias semanas con el objetivo principal de eliminar pequeñas marcas, suavizar pequeñas arruguitas y mejorar el aspecto general del cutis. Un objetivo que se cumple progresivamente a medida que pasan los días y que ahora ya es evidente.

El proceso fue muy sencillo: tras ponerme crema anestésica en la cara para evitar molestias, me aplicaron el láser con la potencia adecuada para mi piel. A parte del calor intenso que fui notando a medida que pasan el cabezal del láser, no noté más molestia. Tras terminar con el láser, me aplicaron una crema para refrescar y calmar la piel. Y para mi sorpresa, el último paso fue un protector solar con color. ¡El protocolo no pierde detalle!

Mentiría si no dijera que salí un poco hinchada y con rojeces circulares en la cara (pues el cabezal del láser es circular). Y aunque la crema con color lo disimula, lo mejor es tomarse el “día libre” y quedarse tranquilita en casa. Entre otras cosas, porque no puede darte el sol.

La intensidad de los efectos secundarios varían según la persona y se limitan a la hinchazón y las rojeces que desaparecen en varios días pero que no suponen ni el más mínimo dolor, escozor ni nada similar. Y lo mejor es que a medida que van pasando los días, poco a poco, la piel se va regenerando de forma progresiva, pues ésta responde a la “agresión” del láser creando colágeno y regenerando el tejido.

Hoy, tres semanas después, puedo asegurar que este corrector sí funciona. Tengo la piel más lisa, más tersa y las marquitas prácticamente han desaparecido. Y eso que el efecto aún continúa…

La única rojez que tengo ahora es del rubor que me provoca la conversación reciente con el cliente… que también continúa 🙂

Teorías prácticas

lunes, mayo 27th, 2013

11 de Abril de 2012

Estoy en una cola, cosa que odio. Especialmente cuando son para pagar y hay veinte números delante del mio. Así que he aprovechado para sentarme e intentar escribir en mi cuaderno, a sólo una página de terminarlo. La persona que está a mi derecha intenta leer de reojo lo que voy escribiendo… ¿Por qué no hace lo que hacen todos los demás?: clavar la mirada fijamente en el cogote de la persona a la que están atendiendo, como si eso acelerara su trámite…?

El caso es que la mirada ajena en mi cuaderno me desconcentra. Quiero escribir la que seguramente será la última página de lo que se ha convertido en un “diario” de mi dieta, pero me disperso y compruebo el número de mi turno: 21. Eso me trae a la cabeza una teoría que leí ayer, según la que aseguran que se necesitan sólo 21 días consecutivos para crear, romper o modificar costumbres. O lo que es lo mismo, para instaurar un hábito nuevo en nuestra vida. Ni un día más, ni uno menos. Tanto si es para iniciarnos en un deporte, en una dieta, adaptarnos a nuevos horarios laborales o dejar de fumar… Sea lo que sea que empecemos, se convierte en hábito el día 22.

Pues bien, si aplico la teoria al tema de la dieta, el resultado son un montón de interrogantes… ¿qué pasa si se rompe con una pastilla de chocolate el día 20? ¿se vuelve a empezar? ¿se resta uno? ¿Se penaliza con 2 días más? Cierta o no, es un poco tarde para comprobar si el día 22 de iniciar mi dieta ya tenía los buenos hábitos de alimentación aprendidos (me temo que no del todo). Pero hoy, a 90 días del inicio, sí los tengo… los hábitos aprendidos y las dos tallas menos: ¡mi dieta ha terminado!

Empecé hace tres meses con un café solo y una libreta en blanco. Hoy, noventa cafés después, y trentaytantas páginas escritas, peso nueve quilos menos. Calculo que por cada entrada escrita he perdido medio quilo… ¿Y si hago de esto una teoría?

Lo que está claro que para conseguir cualquier hábito (tonterías y teorías aparte) lo que se necesita es mucha práctica, además de fuerza de voluntad, mentalizarse y tener un buen plan personalizado. El mio ha incluido una supervisión médica, una dieta personalizada, tratamientos complementarios y un ritmo adecuado para mi y para mi estilo de vida desordenado, lo que no ha sido fácil. De casi todo he dejado constancia en estas páginas. Y en esta última de despedida, no podía olvidarme de una de las cosas que más me ha ayudado: el apoyo incondicional de amigos y familia que hasta el último día han puesto a prueba mi fuerza de voluntad… Cada uno a su manera y con su mejor intención. Unos con tentaciones culinarias. Otros con cóckteles de colores, con fondues de queso, carnes suculentas, postres… Por no hablar de sus frases de apoyo: “una flor no fa estiu”; “un día es un día” y esa frase con la que mi graciosa amiga sevillana “bendice” las mesas llenas de calorías y grasas saturadas: “la ley del pobre, reventar antes que sobre!”…

Admito que por un momento pensé que me odiaban, que todo era un boicot contra mi plan, porque las tentaciones han sido tantas que al principio me apetecían hasta las cosas que nunca me han gustado. Pero me resistí a todas ellas y ahora entiendo que era su plan de choque para reforzar mi frágil fuerza de voluntad en cuanto a comida se refiere. Un plan que, contra todo pronóstico, ha funcionado, pues me he resistido a todas sus provocaciones calóricas, excepto en contadas ocasiones. Porque las teorías, como las leyes, están para romperlas… sólo un poquito. Lo justo para poder compensarlo fácilmente.

A todos ellos les dedico estas páginas y les doy las gracias. Y por su puesto, al doctor Morano, a todo su equipo, que han compensado el particular plan de choque de mi entorno (quizás un día me animo a que lean esto). Y cómo no, se lo dedico especialmente a la señora de mi derecha, que sí lo ha leído.

¡21! es mi turno.

Barriguitas

jueves, mayo 16th, 2013

3 de Abril de 2012

Perder 8 ó 9 quilos no te cambian la vida. Pero sí te reconcilia con muchos aspectos de ella. En mi caso me ha reconciliado con el espejo, con la báscula, con el biquini, con las verduras, con la fruta… conmigo misma e incluso con la hija de mi vecina, de 6 años, que el verano pasado, en la piscina, me preguntó si tenía un bebé en la barriga… Me quedé estupefacta. Aunque me sobraban unos quilos y nunca he tenido cintura de avispa, lo del embarazo, cuando no lo estás, no hace gracia ni aunque venga de una niña de esa edad. Me quedé más tranquila cuando al momento le hizo la misma pregunta a otra chica que se bañaba y que no llevaba más de una talla 38. Y entendí todo cuando me fijé en la colección de Barbies esqueléticas que estaban tomando el sol en su toalla: un baremo distorsionado de la realidad por el cual no sólo yo sino todas las mujeres de la piscina estábamos embarazadas.

Cuando yo tenía su edad jugaba con unas simpáticas muñecas que se llamaban “Barriguitas”. Imagino que eso lo explica todo. Tengo que decir a su favor, que las barbies anoréxicas estaban impregnadas de protección solar infantil desde los pies hasta el pelo… ¡mientras que a mis barriguitas hoy se les caería la piel a tiras! Creo que esta anécdota refleja la importante y delicado que son ciertos temas e influencias en los niños, pero me voy a limitar a contar esta anécdota en clave de humor.

Y es que el humor es muy útil. A mi me ha ayudado a la hora de seguir mi dieta… Y también a la hora de explicarla, como he intentado hacer en esta libreta. Y a sólo una semanita de terminarla (la libreta y la dieta) ¡ya me está dando pena! Aunque al principio me costó, e incluso al final he tenido algún desliz ya corregido, mi puesta a punto está llegando a su fin, aunque el mantenimiento también va a ser todo un reto.

En este tiempo, gracias a las pautas médicas, he aprendido a comer y tener hábitos saludables… También he descubierto (con mi afición a los patines) que tengo más músculos de los que creía. Pero lo mejor de todo (y gracias al afecto moldeador del LPG) es que… ¡tengo cintura! El LPG es la guinda de la dieta. Un regalo que me he hecho y que recomendaría a cualquiera de mis amigas…

Y hablando de amigas, tengo un regalo para una de ellas: mi vecinita de 7 años. Es algo que he encontrado en mi baúl de los recuerdos y que voy a llevarle ahora mismo: ¡una de mis antiguas y queridas Barriguitas! A cada edad, su regalo…