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La belleza del cuerpo es indicio de la belleza del alma

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Belleza: cómo lograrla y mantenerla de forma natural

Hoy por hoy, y cada día más, la gente demanda belleza, un término abstracto con distintas acepciones. Pero, ¿a qué se refieren? Por otro lado, los médicos estéticos, los esteticistas, cirujanos plásticos, etc., nos dedicamos a vender belleza. A este respecto, ¿qué es lo que realmente ofrecemos? Cuando nos preguntamos qué es la belleza, podríamos definirla como la experiencia subjetiva, cambiante entre individuos, razas, épocas, culturas, edades, etc., de agrado o placer que nos proporciona ver algo armónico, proporcional, simétrico en su máxima posibilidad, que encaja y está en equilibrio con el entorno. Siempre por supuesto abordando la belleza desde una perspectiva estética. Los cánones de belleza han sido cambiantes con el paso del tiempo, diferentes en cada época y cultura. El problema es que la hermosura resulta difícil de cuantificar y siempre se aborda desde una perspectiva subjetiva, de forma que lo que es bello para mí no tiene porque serlo para el resto de las personas.

Leonardo Da Vinci fue el primero en aventurarse a dar un número de referencia para considerar si algo es bello o no, dependiendo de si se ajusta o no a este parámetro: el denominado «número áureo», cuyo valor es 1,618... Si nos adaptamos a un patrón que se ajuste a las proporciones armónicas del «número áureo» a la hora en que contemplamos algo con detenimiento y lo analizamos, tendremos muchas probabilidades de ser certeros en la evaluación y a la hora del dictamen final. En Medicina Estética o en Cirugía Plástica no puede haber un buen tratamiento si no hay previamente un buen diagnóstico.

Cuando queremos evaluar una cara podemos hacerlo en patrones comparativos con otros rostros o utilizar la llamada «máscara de Marquardt», una herramienta diseñada para encajar perfectamente en las personas con rasgos perfectos o casi, sea de la raza que sea y que se ajusta a los valores de la proporción áurea. Si tuviera que citar mitos del cine o la televisión en los que esta máscara encajaría perfectamente, mencionaría por ejemplo Angelina Jolie o Bar Refaeli y en hombres a Leonardo Di Caprio o Johnny Depp. Podría decirse que estos prototipos son los que encarnan el modelo de belleza actual, tanto masculino como femenino.

Cuando un médico estético o un cirujano plástico tienen un rostro entre sus manos debe sentise un poco artista. En mi caso por ejemplo, de niño era muy malo dibujando en la escuela, pero a golpe de sentido común y obtener tus propias valoraciones tras evaluar y tratar miles de caras, llegué a establecer mis propias conclusiones de lo que debe considerarse una cara normal, o mejor dicho, natural y distinguirla de los aberrantes clones que a veces nos encontramos por la calle o en la televisión hoy, a siglo XXI. Por todo ello, hace ya unos 15 años que establecí una fórmula matemática para conseguir lo que llamaríamos un Rejuvenecimiento Facial Integral (RFI) 3D. Si consideramos la cara como la estructura tridimensional que es, para abordarla en busca de un RFI 3D, tenemos que considerar las 4 «R» del rejuvenecimiento contenidas en esta fórmula: RFI=Rx1 + R x2 + Ry + Rz; en la que RFI= Rejuvenecimiento Facial Integral; Rx1= Relleno; Rx2= Restructuración metabólica (mejora de la calidad de la piel por hidratación o regeneración); Ry= Resituación de estructuras que ceden («efecto lifting sin cirugía»); Rz= Reproyección de planos perdidos (volumetría).

Con esta fórmula, podemos abordar la cara tridimensionalmente y huir del puro efecto de
relleno, mejorar paralelamente la calidad de la piel y devolver luz al rostro, elevando las estructuras que cedieron en base a recuperar los volúmenes perdidos.

A veces nos catalogan de artistas. Si sentirse como tal implica conseguir que la gente se encuentre contenta con tu trabajo, tu profesionalidad, tu buena praxis y tu deontología, entonces podríamos llegar a considerarnos como tales. Pero lo más importante, es no perder el rumbo y saber hacia dónde vamos, cuando médico y paciente nos embarcamos en una aventura en busca de un rejuvenecimiento saludable.

Para esto, lo fundamental en base a casi mis 17 años de experiencia, es saber captar los puntos clave que revelan la esencia de cada belleza en particular. Una vez detectados, la clave está en «restituir lo que has perdido y no poner lo que nunca tuviste»; salvo en algunos casos, como por ejemplo, en aquel no se tiene labio y se quiere realzar el mismo. Pero en general, la clave estriba en que te digan, «¡Qué buena cara tienes!». Y no, «¿Qué te has hecho?», que te pregunten si has dormido bien o si acabas de volver de vacaciones, etc. Por todo esto, siempre he tratado de preservar la juventud más que inventar volúmenes donde nunca los hubo. Al margen de esto, podríamos preguntarnos ¿cuál es la clave para que un rostro siga siendo el de siempre, y no transforme su expresión, tras pasar por el médico estético o el cirujano? ¿Es importante que el médico conozca bien ese rostro tanto en reposo como en movimiento?

A la hora de evaluar un rostro, por supuesto, lo primero es conocer bien el origen de la problemática, cuáles son los factores o condicionantes que le llevaron a esa situación, analizar ese rostro de forma estática y dinámica, elegir el remedio o remedios más óptimos para ese problema concreto, consensuar con el paciente hacia dónde queremos y podemos llegar sin dar falsas expectativas, explicarles claramente su modo de envejecer o cómo prevenir el envejecimiento y lo que acabo de comentar en cuanto a mantener la naturalidad.

Finalmente, no debemos olvidar que la naturalidad no viene sólo de la mano de abordar la cara según los parámetros anteriormente descritos, sino además del uso de materiales de relleno reabsorbibles, que a medida que se integran en la dermis, van mejorando la calidad de piel, al renovar la hidratación y producir una inducción del propio colágeno y estimular también la producción de elastina y del propio ácido hialurónico. Por tanto, podría decirse que no hay nada más natural que inducir lo propio desde fuera. Los productos con seguridad demostrada, siempre y cuando estén en manos de profesionales adecuados, son: ácido hialurónico, complejos de vitaminas y péptidos e inductores de col ágeno (hidroxiapatita cálcica, policaprolactona, ácido poliláctico, polidioxanona de los hilos), todos ellos con acciones comprendidas dentro de la fórmula anterior. De otro lado, estaría la toxina botulínica, siempre recomendable en arrugas de expresión del tercio superior de la cara (frente, entrecejo y patas de gallo), siempre y cuando los volúmenes estén respetados y si no, reponerlos previamente, para evitar los llamados efectos compensatorios, como la llamada «mirada mefistofélica», descenso y aumento antinatural de los pómulos...

A veces me preguntan si me considero más científico o artista y en qué proporción. No sabría responder exactamente. Desde mi perspectiva intento ser científico al 100%, ahora, ¿cuánto me consideran los demás de artista? Es algo que tendrá que ver con el éxito que desarrolle en cada momento con mis pacientes, con mis descubrimientos y, en general, con los logros profesionales que a lo largo de los años pueda obtener. En definitiva, intento ser artista, me encanta lo que hago, pero lo que nunca olvido es que, ante todo, sigo siendo médico.

Fuente La Razón