Sabemos que la grasa es necesaria para suministrar energía a nuestro cuerpo. Se almacena de forma natural en células llamadas adipocitos, formando el tejido adiposo. El problema se produce cuando  la acumulamos en exceso por diferentes causas, (sobre alimentación, sedentarismo etc.), pudiendo perjudicar seriamente la salud. Este exceso de grasa, en función de la genética y otros factores hormonales personales puede almacenarse como grasa subcutánea o como grasa intra-abdominal. La grasa subcutánea, como su nombre indica, es la grasa que se almacena debajo de la piel y es la que, normalmente, se pierde con mayor facilidad cuando se hace ejercicio. La grasa subcutánea suele ser un problema estético, al contrario de la grasa intra-abdominal. La grasa intra-abdominal o grasa visceral es la más peligrosa para la salud, ya que es la que se acumula internamente debajo de los músculos y alrededor de los órganos vitales, hígado, corazón, riñón, etc., dificultando su buen funcionamiento. Este exceso de grasa intra-abdominal actúa como un órgano independiente más, con una actividad metabólica propia, aumentando el factor de inflamación y liberando sustancias tóxicas que junto a otros factores de riesgo como hipertensión, triglicéridos altos, elevado nivel de glucosa en sangre y bajo nivel de DHL (colesterol bueno), puede provocar graves enfermedades cardiovasculares, AVC (accidente vascular cerebral), diabetes tipo II, cáncer de mama, etc.
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