Cada vez más existe un trasvase de expectativas de resultados a la hora de someterse a un procedimiento estético y esto se debe, en gran parte, a que los pacientes no tienen clara qué fórmula de tratamiento es la más adecuada para ellos o más bien, para alcanzar los resultados que desean. Para evitar que esto suceda, es clave entender los 3 niveles de opciones de tratamiento en los que está dividida la pirámide de la salud-estética, cada uno de los cuales representa los distintos tipos de cuidados suministrados por las distintas tipologías de profesionales/especialistas:

  1. a) La base de la pirámide sería el nivel más amplio: el suministrado por esteticistas, fisioterapeutas, nutricionistas, estilistas, fitness trainers, entre otros.
  2. b) El segundo nivel sería el que llevan a cabo dermatólogos cosméticos, médicos estéticos, odontólogos especializados en estética dental.
  3. c) Finalmente, el tercer nivel de la pirámide correspondería a los cirujanos plásticos.

Pero, ¿qué papel ocupan y qué expectativas reales de resultados podemos atribuir a los 3 niveles de cuidados estéticos? El esquema de la salud-estética en forma de pirámide puede ofrecer una visión clarificadora sobre la materia.

Existe la tendencia creciente a prestar una mayor atención a los llamados procedimientos no invasivos. Un hecho que resulta lógico, pues lo natural es tratar de evitar el paso por quirófano. De esta forma, de unos años a esta parte, muchos pacientes y médicos –cirujanos plásticos incluidos- se han volcado en las llamadas “técnicas mínimamente invasivas”. Un fenómeno con variadas y comprensibles razones: en primer lugar, son tratamientos más asequibles económicamente que la cirugía, hay mayor número de profesionales capaces de suministrarlos, los pacientes tienen mayor información sobre ellos a través de las revistas y webs, programas de TV y radio, publicidad, pues son los tratamientos “de moda”; y, además, implican menor nivel de riesgo y menos tiempo de recuperación post tratamiento.

El problema para el paciente surge cuando percibe estas técnicas como sustitutos de la cirugía plástica. De todo esto deriva otro fenómeno creciente y preocupante: el dramático aumento de pacientes “sobretratados” a través de procedimientos estéticos mínimamente invasivos: rellenos excesivos, rostros inexpresivos, paralizados por el botox, o pacientes con claros estigmas de haberse sometido a algún tratamiento estético. Y he aquí el objetivo último de esta pirámide: facilitar a los pacientes la comprensión del proceso de decisión que deben llevar a cabo a la hora de elegir un procedimiento para modificar/mejorar/recuperar su aspecto.

La construcción en forma de pirámide se ha empleado como fórmula de representar que no existen procedimientos correctos o incorrectos, pero sí que cada uno tiene sus propias ventajas y desventajas. A la hora de optar por un tipo u otro de cuidados siempre hay 5 factores involucrados en la elección del tratamiento: nivel de resultados, duración de los mismos, tiempo de recuperación, riesgo y cualificación profesional.

Tampoco aquí se puede hablar de un elemento más importante que otro a la hora de seleccionar un tratamiento. Así, aunque a todos nos gustaría oír y creer que es posible obtener grandes resultados estéticos de forma fácil, rápida, sin dolor, sin cirugía, sin riesgos, nuestra verdadera obligación ética (la de todos los profesionales de la estética) es hacer ver a los pacientes que para obtener “grandes” resultados a menudo son necesarias “grandes” soluciones e informarles de los verdaderos beneficios y riesgos que pueden esperar de las distintas opciones de tratamiento, cirugía incluida.

Lamentablemente sigue resultando en ciertos casos comprensible el que se equiparen los resultados de ciertas técnicas no quirúrgicas con los de algunos procedimientos quirúrgicos ya que persisten (en el recuerdo y en la práctica) multitud de técnicas quirúrgicas poco resolutivas y no avanzadas: que no ofrecen ventajas diferenciales reales a nivel de resultados. Es ahí dónde entra en juego lo que ya se conoce como Cirugía Plástica Avanzada, moderna o de nueva generación: una nueva corriente quirúrgica que, lejos de apoyarse en destacar como ventaja la mínima invasión (para eso está la medicina estética) se ‘atreve’ a plantear procedimientos cada vez más complejos técnicamente pero que, gracias precisamente a su complejidad, aportan un nivel de resultados capaz de marcar la diferencia: resultados muy naturales, absolutamente alejados del ‘look operado’ y que no se fijan sólo en la estética sino que ponen al mismo nivel el respetar la función. Como fórmula situada en el ‘pico’ o ‘cumbre’ de la pirámide, la cirugía plástica avanzada es, por expresarlo de algún modo, una solución estética a la que se debe recurrir en los casos en que un nivel máximo de resultados sea la prioridad.  Esto implicará lógicamente asumir ciertos riesgos, a veces con mayores tiempos de recuperación, por lo que la titulación, preparación y experiencia del profesional concreto que lleve a cabo el procedimiento adquiere sin duda una mayor relevancia.

Por Francisco G. Bravo Presidente de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica AECEP

Fuente expertosenmedicinaestetica.es

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